Cae en un 28 por ciento el número de libros editados
La crisis se ceba con el sector: la producción alcanzó el pasado año los 132,1 millones de ejemplares frente a los 183,9 millones en 2009, pese a que en 2010 se publicó el 2,3% más de títulos
Malos tiempos para la producción editorial. La crisis se ha ensañado con el sector. El número de ejemplares editados en España en 2010 se redujo el 28,1 % respecto al año anterior, pese a que se publicó el 2,3 % más de títulos, según datos difundidos por el Instituto Nacional de Estadística. Las cifras precisan que la producción del sector alcanzó el pasado año los 132,1 millones de ejemplares frente a los 183,9 millones en 2009, lo que supuso un descenso del 28,1%. Mientras que el número de títulos editados fue de 76.206, el 2,3% más que el año anterior. No obstante, las fuentes destacan que la cifra de títulos editados se sitúa como la segunda más alta de la última década, tras la de 2008.
Literatura, en primera posición
Por categorías, más de la cuarta parte de los títulos editados (el 29,2%) y casi la mitad de ejemplares impresos (el 42,4%) correspondieron a la categoría de Literatura. La tirada media descendió el 29,7 %, situándose en los 1.734 ejemplares por título, precisa el informe del Instituto Nacional de Estadística. Menos de la mitad de los títulos publicados, el 44,2 %, tuvieron una tirada de entre 1.000 y 1.999 ejemplares y sólo el 3,7% alcanzaron tiradas superiores a los 5.000 ejemplares.
En 2010 se reimprimieron 12.407 textos, cifra que representa el 14 % del total de publicaciones editadas en España, subraya el informe. Tras la categoría de Literatura, se situaron los títulos dedicados a Derecho, administración pública, previsión y asistencia social, y seguros (el 7,0 % de los títulos), los de Historia y biografía (el 5,5 %) y los de Ciencias médicas y sanidad, los de Ciencias políticas y económicas y los pertenecientes a Artes plásticas, gráficas y fotografía (con el 5,4 % cada uno).
Menor tirada de libros de texto
La edición de libros de texto descendió un 32,0 % y las publicaciones para niños se redujeron un 11,6 %. La mayor parte de la producción editorial se llevó a cabo por empresas privadas, indica el instituto Nacional Estadística. Por su parte, las editoriales públicas fueron responsables del 12,3 % de los títulos editados, proporción ligeramente inferior a la de 2009 (12,8 %). Igual que en años anteriores, el tamaño más habitual de los títulos se situó entre las 101 a 200 páginas (en el 29,5% del total).
El castellano representó el 78,8% del total de títulos (un 4,19% más que en 2009). El 10,4 % de los títulos se editaron en catalán, valenciano y balear, el 1,9 % en gallego y el 1,1 % en euskera. En relación a 2009 estos idiomas sufrieron unos descensos en el número de títulos del 5,8 %, 21,6 % y 15,3 %, respectivamente. Los títulos en idiomas extranjeros representaron el 3,9% del total de títulos editados en 2010, porcentaje similar al 3,5% registrado el año anterior. Dentro de los títulos publicados en un solo idioma extranjero destacaron los libros en inglés (con el 48,7 % del total) y en portugués (el 16,1 %).
60% en inglés
Los títulos traducidos alcanzaron el 14,4 % de la producción editorial destacando, de nuevo, los traducidos del idioma inglés (que representaron el 59,2 % del total). Un total de 215 títulos (incluidas reimpresiones) fueron editados en el extranjero e impresos en España en el año 2010, lo que supuso un aumento del 7,0 % respecto al año anterior. Por idioma de publicación, el 40,5 % de estos títulos fueron publicaciones en castellano.
Madrid, a la cabeza con casi 25.000 títulos editados
Las comunidades autónomas con mayor producción editorial durante 2010 fueron Madrid (con 24.999 títulos editados, un 4,3 % más que el año anterior) y Cataluña (con 20.533, un 1,6 % menos). Estas dos comunidades acapararon el 59,8% del total de títulos. Por detrás se situaron Andalucía (con 9.303 títulos), Comunitat Valenciana (4.509), Galicia (2.778), Castilla y León (2.744) y País Vasco (2.499)
Día del libro: El sagrado arte de escribir
Winston Manrique Sabogal
Stéphane Mallarmé
Semana de culto y homenaje al libro. En eso vamos a convertir estos días de Semana Santa, aprovechando que el Día del Libro será este sábado 23 de abril. Porque para muchos el libro y la lectura son sagrados. Será una serie muy corta entorno al arte de escribir y de leer. Una serie que ustedes completarán porque cada día habrá un par de citas de grandes escritores y los lectores darán su propia opinión. Al final de la serie, el sábdo 23, habrá una gran pregunta. Es el segundo año que en este blog rindo homenaje al libro y su mundo, en 2010 el tema fue el proceso de creación literaria y como resultado surgió la Biblioteca oral de los lectores de los lectores de Papeles perdidos.
El arte de escribir es el tema que abre este especial. Y empiezo con lo que decía Vladímir Nabokov:
"El verdadero escritor, el hombre que hace girar planetas, que modela a un hombre dormido y manipula ansioso la costilla del durmiente, esa clase de autor no tiene a su disposición ningún valor predeterminado: debe crearlos él. El arte de escribir es una actividad fútil si no supone ante todo el arte de ver el mundo como el sustrato potencial de la ficción. Puede que la materia de este mundo sea bastante real, pero no existe en absoluto como un todo fijo y aceptado: es el caos; y a este caos le dice el autor: '¡Anda!', dejando que el mundo vibre y se funda. Entonces, los átomos de este mundo, y no sus partes visibles y superficiales, entran en nuevas combinaciones".
Un mundo, el de la creación literaria, sobre el cual Isaac Bashevis Singer da más pistas: "La experiencia me ha enseñado que no hay milagros en la escritura: sólo trabajo. Es imposible escribir una buena novela con solo llevar una pata de conejo".
Katherine Mansfield, maestra del cuento, expresó así su impulso de escritura: "Ahora, ahora quiero escribir recuerdos de mi propio país. Sí, quiero escribir sobre mi país hasta que se agote mi bagaje. (...) Debe ser miserioso, como si flotara. Tiene que dejarles sin respiración. Tiene que ser 'una de esas islas...'. Lo contaré todo, incluso cómo rechinaba la cesta de la ropa en el 75. Pero se tiene que contar todo con un sentido del misterio, resplandeciente, con una incandescencia pasada, porque tú, mi pequeño sol de allí, te has puesto. Te has caído hacia el borde deslumbrante del mundo. Ahora me toca a mí representar mi papel".
Sí, más que patas de conejo se necesitan. Gabriel García Márquez lo expresa así: "A mí me encanta escribir, no sé como se pudo inventar eso de que la literatura es un sufrimiento. Otra cosa, cierto, es lograr que el lector me crea. Esa sí es una desesperación hasta que se calienta el brazo y todo sale, y se mezcla, y empieza, en fin, a tomar forma. Pero el lector tiene que creer siempre, si no todo ha fracasado".
elpais.com
EL LIBRO Y SUS OFRECIMIENTOS
Vianco Martínez, Impresiones, enero-marzo 2011
Los libros son un monumento a la imaginación y un acompañante al que corresponde un asiento en la primera fila. Uno corre tras sus historias y se encandila con los mundos que cuentan, los mima y los lleva consigo, y así termina estableciendo una relación de amor con ellos. Así son los libros, con los que es posible aventurarse en un viaje inagotable.
Es un arte tenerlos y una devoción mayor leerlos, releerlos y preservarlos. Hay pasión en el acto de correr tras ellos en las librerías, en las bibliotecas, en las regueras de las viejas ciudades, en los anaqueles y en todos lo lugares donde siempre cumplen el ritual de la espera. Dondequiera que se encuentren, los libros son un ritual de la pasión.
Borges vivió entre anaqueles y un día escribió: “Un libro, cualquier libro, es para nosotros un objeto sagrado”. Y mucho tiempo atrás, Mallarmé, uno de los poetas malditos del siglo XIX, que pensaba que los poemas no deben componerse de palabras, sino de intenciones, dijo: “El mundo existe para llegar a un libro”.
Cuando se habla del libro hay que hablar, ante todo, del libro y sus ofrecimientos, del libro y sus cortesías, del libro y sus frescuras; hay que hablar del libro y sus misterios, del libro y sus seducciones, del libro y sus libertades. En fin, hay que hablar del libro y sus atrevimientos.
Alrededor del libro hay una verdadera cofradía, una sociedad secreta que se deslumbra con su presencia y se deja llevar por sus circunstancias. En ella participan todos los amantes del libro y la lectura, desde aquellos que leen compulsivamente, sin importar que a su lado el mundo se derrumbe, hasta aquellos que huelen sus páginas con delectación.
Aquel que huele los libros ya traspasó los umbrales de la intimidad. El olfato se encarga de ampliar el ritual y darle algo de sí a las páginas abiertas al azar. Entra en su mapa solidario como por un río de múltiples orillas encantadas. Descubre las presencias y los años. Se descubre a sí mismo palpando la textura distinta, el corte irregular de las hojas, la materia cuajada en su punto.
Los libros están llenos de puentes y de caminos, y el mundo entero se abre cuando se abren sus folios. No faltarán sorpresas, porque están llenos también de nuestra propia vida, de la rosa de ayer, testigo incorruptible de una espera, la anotación marginal que se ha tornado incomprensible con el tiempo, debido a que siempre es otra la lectura, como son otras las aguas bajo el puente, y aquí podemos decir imitando a Heráclito que nadie lee un libro dos veces.
El libro, como el mar, devuelve sus naufragios, perdidos y olvidados en su interior: los avisos vencidos, pruebas médicas, direcciones, teléfonos y hasta recetas de cocina. En cualquier tomo escogido sin distinción puede reaparecer de súbito el poema de nuestra juventud, la canción tantas veces repetida, los trazos entrañables de los hijos cuando aprendían a escribir o a dibujar, las cartas que no llegamos a poner en el buzón.
Soporte, escudo, contrapeso, paraguas, combustible muchas veces, el libro puede ser todo eso y mucho más: es certeza latente para el ciego y ceguera de aquel que cree saber porque ha leído. Puede servir de almohada, pero es, sobre todo, sueño.
Como atraídos por una miel oculta e infalible, los amantes de los libros se agolpan en los tramos de las novedades, consultan la sección de los bestsellers, rebuscan incansablemente entre los usados (he aquí, respecto al libro, un empleo excesivo de esta palabra), y para cada lector, las experiencias serán siempre diferentes. Pero algo no deja lugar a dudas: el libro -y por supuesto que nos referimos a éste según lo concibió Gutenberg- evoca un conjunto insustituible de asociaciones y un vínculo poderoso con lo que hay de más humano en todo invento conocido y por conocer.
Viento de primavera
Michaï, un violinista que se gana la vida tocando por las calles o en celebraciones, como el Yom Kipur, perdió a su familia en la operación «Viento de primvera», que consistió en la detención de miles de judíos en territorio francés —con la connivencia del gobierno de Vichy— para ser trasladados a los campos de exterminio. de Auschwitcz-Birkenau. Él, superviviente del Holocausto, se cruza en la estación de Bobigny con Nikolaï un niño gitano en constante huida que ve como su campamento ha sido desalojado para celebrar los actos de conmemoración de la deportación.
Autor del aclamado libro «Palestina» (Premio Renaudot y el Premio de los Cinco Continentes de la Francofonía), publicado también en castellano por Demipage, Haddad en este nuev volumen retoma otras tres historias reales, como la de Miranda Levoci, uno de los 2.265 niños deportados y gaseados, entre el 14 y el 26 de agosto de 1942, en Auschwitz-Birkenau, y que es recordada a través de los ojos de otra niña, Adèle; o la historia de Gustav Eiderburg, hoy un coleccionista austriaco de trenes que un día, vestido de uniforme, salvó la vida a David Rosein.







